Nada
El otro día en clase,
de hecho era un viernes, y la negrita es importante, porque todos sabemos cómo
son los viernes y como son los lunes. Eternos. Leímos unos poemas que me
hicieron pensar sobre el miedo y el conformismo.
A lo largo de la
vida vives cosas, experiencias, que obviamente te marcan de por vida, malas o
buenas. Hay un tipo de experiencias o situaciones que se llaman perdidas.
Cuando perdemos algo o alguien, surge el miedo, el pánico y la desesperación
por compensar esa pérdida. Ponemos una tirita a la herida, para taparla y así
seguir respirando.
Vivimos en una
sociedad que se rige por el placer, cualquier tipo de placer, y ese deseo que queremos
satisfacer se convierte en una droga, siempre vamos buscando más y más. Nos
gusta pensar que vivimos para buscar la felicidad, pero eso es una utopía. No existe
la felicidad eterna, completa, porque nosotros seguiremos notando esa herida
que no sangra, y la intentaremos desesperadamente taparla y curarla con mil
cosas, con noches de amor, con viajes,
con fotografías en el Instagram, con música, con amigos, con compras, con películas
con cualquier cosa que nos produzca la suficiente diversión como para
desconectar. Caemos en el egoísmo, en la dependencia, en la depresión, en la
ambición, en el miedo.
Conozco a muchas
personas que a ese vacío le llaman soledad. Pero a mí la soledad no me produce
miedo, a veces me causa placer. Mi vació es el miedo a caer en la nada.
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